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Los Avatares de la memoria ll

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24 agosto | Rogelio Cedeño

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Como buen hijo de su tiempo, mi tío Francisco Cedeño, al igual que sus hermanos estaba imbuido de la idea del progreso y la difusión de las tecnologías, propias de la modernidad.

Es así como desde su llegada a aquellas tierras del entonces todavía más lejano sur costarricense e importante avanzada del oeste panameño, pues las migraciones más significativas, por lo numerosas, venían desde el centro de Chiriquí en procura de colonizar aquellas agrestes áreas y ejercer el control territorial en un área donde la frontera estaba recién trazada.

Batallando, de manera tenaz y heroica e incluso temeraria, con los malos y peligrosos caminos de la región, condujo una y otra, los distintos camiones chevrolet que adquirió a lo largo de los años, los que eran objeto de su especial atención como cuidadoso mecánico que era, especialmente durante los largos inviernos cuando llevó mercaderías de toda clase para los comercios de la región, desde Golfito y Punta de Riel, en especial para el negocio del chino Luis Wachong en Sabalito, otro de los viejos colonos de la región.

Su paso por la gerencia de la Cooperativa de Caficultores de Agua Buena (COOPABUENA), durante los últimos años de la década de los sesenta se alternó con su presencia, en la condición de regidor suplente, en la primera Municipalidad del nuevo cantón de Coto Brus, pues hasta 1967 o 68 esas tierras pertenecían a la jurisdicción del cantón de Golfito, apenas si son recordados por los descendientes de las familias, originadas a partir los incesantes flujos migratorios que fueron llegando desde el centro del país, durante las décadas de los cincuenta, sesenta , setenta y ochenta hasta transformar aquella región húmeda y boscosa en otra muy diferente, poblada de cafetales y deforestada, a semejanza de los valles centrales de Costa
Rica. Su vocación de servicio público llenó una parte esencial de su vida.

Su cuñada, Virginia Matamoros, esposa de su hermano Marcelino, quien falleció durante el año anterior, allá en Buffalo en el estado de Nueva York, en una área fronteriza con el Canadá, a una edad avanzada, fue la primera maestra en aquel Cañas Gordas ticopanameño de mediados de los años cincuenta y los Cedeño donaron el terreno para que la escuela fuera edificada y muy probablemente también la madera. También Virginia, en su condición de enfermera obstétrica atendió a numerosas vecinas parturientas, de tal manera que se encargó de ayudar, en su venida al mundo, a un cierto número de los habitantes de esas tierras. Sus hermanos se fueron, por muy diversas razones, Marcelino entre ellos que emigró hacia los Estados Unidos, a principios de los sesenta.

El destino de Francisco era perseverar en esas tierras y convertirse en parte esencial de su historia, en especial por su incesante lucha y búsqueda de progreso material para esa comarca fronteriza, la que fue cambiando velozmente con el paso de los años.

Su relación afectiva más perdurable la entabló con doña Gladys Guerra, quien lo sobrevive y lo acompañó por más de 55 años, después de su matrimonio allá por el año de 1954 o 1955. Ella también es hija de colonizadores agrícolas, sólo que sus padres venían desde el centro de Chiriquí, en especial su madre doña Marina, nacida en Boquete y pobladora de la localidad fronteriza de Los Planos, junto con su esposo don Pedro Guerra quien era el policía y mil cosas más en aquella localidad rural donde criaron una numerosa familia, tal y como se acostumbraba en aquellas décadas.

De esta manera, Francisco desde su finca y con la familia que fue construyendo seguía unido a los mundos que se construían a los dos lados de la frontera y que a veces parecían ignorarse, a pesar de su inmensa cercanía. Es por ello, que viene al caso, algo que compartió conmigo en una conversación ocurrida, hace por los menos una década, en la que me expresó su felicidad inmensa porque Panamá había recuperado la soberanía del canal y la llamada zona americana (¿??) que lo rodeaba. Sus cuñados chiricanos, Álvar y Pedro Guerra, ocuparon un lugar importante en esa historia, durante los años en que el general Omar Torrijos (de grata memoria) lideró esa lucha por la dignidad y la soberanía de la nación panameña.

Sin ninguna duda podemos afirmar que Francisco Cedeño estaba unido a los sentimientos y pasiones que se movían a los dos lados de la frontera.

 

 


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